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Probamos el nuevo Volkswagen T-Cross, un SUV urbano cómodo y fácil de conducir

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Así es el Volkswagen T-Cross 2019.

Esta es la prueba del Volkswagen T-Cross un nuevo SUV del segmento B que acaba de aterrizar en nuestras carreteras. Nuestra unidad de pruebas cuenta con el motor 1.0 TSI tricilíndrico de 115 CV con cambio manual de seis velocidades y el acabado ‘Sport’.

La familia SUV de Volkswagen no deja de crecer y este T-Cross es la última incorporación, se trata del modelo más pequeño, se ubica justo por debajo del Volkswagen T-Roc. Utiliza la plataforma MQB A0, por lo que podríamos decir que se trata de un ‘Polo SUV’.

El Volkswagen T-Cross se incorpora a uno de los segmentos más disputados del mercado español y compito contra coches tan vendidos como el Renault Captur o el Peugeot 2008. Sin embargo, quizás los rivales más directos del VW T-Cross se encuentran en su propia casa, el Grupo VAG.

Y es que el T-Cross tiene una configuración muy similar al ya conocido Seat Arona y también al recién llegado Skoda Kamiq. Los tres modelos utilizan el mismo chasis y sus diferencias de dimensiones son muy pequeñas, siendo el Kamiq y el Arona ligeramente más grandes.

El Volkswagen tiene un precio de partida sin promociones ni financiación de 18.900€ son unos 500€ más que un Seat Arona, pero 1.200€ menos que el Skoda Kamiq con la misma motorización. Aunque probablemente el modelo checo tenga un equipamiento de serie algo más generoso que el Volkswagen.

Dimensiones y diseño

Como buen B-SUV, el Volkswagen T-Cross es un coche de dimensiones más bien reducidas, que invitan a moverse por entornos urbanos con la esperanza de poder encontrar aparcamiento en un tiempo razonable.

De largo alcanza los 4,11 metros, similar a cualquier utilitario, sin embargo la altura de 1,56 metros le delata como auténtico SUV. En lo que al ancho se refiere nos encontramos con unos normales 1,74 metros.

Dimensiones contenidas, como todos sus rivales.

En general el T-Cross es un coche pequeño y manejable, que sin embargo sorprende en el interior. En lo que a imagen se refiere nos encontramos con una línea bastante cuadrada que le confiere un aspecto robusto, acorde con la filosofía SUV.

En el frontal vemos una parrilla realmente ancha que une los grupos ópticos a través de una lama horizontal cromada. Por debajo aparecen las luces antiniebla y de giro, que al igual que en su hermano mayor T-Cross, están enmarcadas por una especie de pentágono irregular.

Detalle de las luces antiniebla y de giro.

El lateral cuenta con una marcada y alta línea de hombros así como unos pasos de rueda musculosos, todos estos detalles apoyan el concepto de una coche algo más duro que un VW Polo. Las llantas de nuestra unidad son de 17”.

La parte trasera es quizás la que más personalidad derrocha y es que nos encontramos con un gran embellecedor de plástico negro que recorre horizontalmente el portón. En esta pieza también se incorpora una tira reflectante que incrementa la visibilidad del coche cuando este está aparcado.

La parte trasera se sale del diseño tradicional de los SUV Volkswagen.

El Volkswagen T-Cross respeta a grandes rasgo el diseño de la familia SUV de Volkswagen, su frontal recuerda claramente a un Tiguan y al T-Roc, sin embargo la parte trasera es una ruptura total que le sirve para diferenciarse de sus hermanos. Quizás no sea el automóvil más excitante de la historia, pero resuelve bien la papeleta de la personalidad gracias en parte a la paleta de colores disponible.

Interior amplio, pero algo decepcionante

Ya hemos dicho que el Volkswagen T-Cross es un coche de dimensiones reducidas pensado para callejear sin excesivos dolores de cabeza. Esto normalmente repercute en el espacio interior, porque como es lógico, de donde no hay, no se puede sacar.

Cuando accedemos al interior del T-Cross nos encontramos con un ambiente mucho más amplio de lo que cabría esperar, pero que está limitado a las capacidades lógicas de un coche que apenas supera los cuatro metros de largo.

Nos encontramos con un habitáculo mucho más espaciosos que el de un Polo.

Pero lo cierto es que si lo comparamos con un Seat Arona, este T-Cross nos parece significativamente más grande, sobre todo en las plazas traseras. El secreto no es otro que una segunda fila deslizante.

Toda la banqueta puede desplazarse para dejar más o menos espacio al maletero, esto permite regular mejor el interior en función de las necesidades de cada viaje. En su posición más retrasada nos encontramos con unas plazas traseras realmente generosas para un coche de este segmento.

Las plazas traseras son la sorpresa más agradable de este T-Cross.

El maletero por su parte oscila entre los 385 y los 455 litros, ambas cifras son buenas respecto a sus competidores, la diferencia entre ambas depende de cómo utilicemos los 14 centímetros de recorrido que tenemos para ajustar las plazas traseras.

Además de esta mayor versatilidad y espacio interior respecto al Volkswagen Polo, también tenemos un acceso mucho más cómodo al interior gracias al incremento de altura de la carrocería, que es de aproximadamente 14 centímetros.

El maletero también supera a la mayoría de sus rivales en cualquiera de sus dos posiciones.

Entonces, ¿por qué decimos que este habitáculo es algo decepcionante? A pesar de que este Volkswagen tiene una buena calidad de construcción y los ajustes interiores son correctos y aportan sensación de calidad, echamos en falta más materiales mullidos.

Y es que en puntos del interior que están completamente a la vista, como por ejemplo la parte superior del salpicadero o los paneles altos de las puertas, nos encontramos con plásticos duros que no son agradables ni al tacto ni a la vista.

Echamos en falta más plásticos suaves.

Este aspecto está mejor resuelto en un Skoda Kamiq por ejemplo, que sí utiliza revestimientos blandos en las zonas más expuestas a los ocupantes, lo que le permite ganar puntos en lo que a calidad percibida se refiere.

Por suerte, la gran carga tecnológica del Volkswagen T-Cross permite ocultar en cierta medida estos plásticos duros. De manera opcional podemos contar con una generosa instrumentación digital, que tiene una gran definición y un uso intuitivo.

Tanto la instrumentación digital como el sistema multimedia no admiten reproches.

Por su parte el sistema de infoentretenimiento es tan resolutivo y avanzado como el del resto de modelos del grupo VAG, sus menús están bien diseñados y son cómodos, la pantalla se ubica en lo alto del salpicadero y tanto la calidad del panel como la velocidad de respuesta son sobresalientes. Por supuesto es compatible con Andorid Auto y Apple CarPlay.

Comportamiento dinámico

El Volkswagen T-Cross ofrece un comportamiento agradable en todas las situaciones. Es un coche que rueda de manera suave y agradable, la configuración de las suspensiones es ideal para circular por las imperfecciones propias de los trazados urbanos.

El T-Cross es muy cómodo, pero transmite menos sensaciones que un Polo.

Esta simplicidad y comodidad inevitablemente radica en una pérdida de sensaciones, y es que este Volkswagen T-Cross es un coche tan cómodo como insípido al volante. Se puede circular a un ritmo alto con él, pero una dirección demasiado asistida y las permisivas suspensiones nos recuerdan que su objetivo es ser más cómodo que rápido.

Tampoco es algo criticable ya que este coche está concebido para ser ágil en ciudad, que lo es, y defenderse correctamente en autopista, que lo hace. Su buena visibilidad así como un aislamiento acústico correcto le permiten ser un auténtico todoterreno.

Las luces traseras rompen con el diseño de otros modelos de la marca.

Bueno, todoterreno siempre que no salgamos del asfalto, ya que al igual que sus primos Arona y Kamiq, el Volkswagen T-Cross no puede contar con tracción total ni siquiera en opción, lo que limita considerablemente sus capacidades fuera de carretera.

1.0 TSI de 115 CV

El propulsor gasolina tricilíndrico del grupo VAG es ya un viejo conocido, y como siempre cumple con lo esperado. Tiene un funcionamiento muy suave a medio régimen siendo su punto débil el rango bajo de revoluciones.

Aquí nos encontramos con algunas vibraciones y un sonido algo menos agradable, lo mismo pasa con la respuesta, ya que debido a su escaso cubicaje nos encontramos con poca capacidad de reacción cuando estamos por debajo de las 2.200 rpm, lo que nos obliga a estar atentos para bajar de marcha.

El tricilíndrico 1.0 TSI permite hacer buenos consumos, pero echamos en falta la garra del 1.5 TSI.

La parte buena es que, si somos cuidadosos con el acelerador, conseguiremos medias de consumo cercanas a los 6 litros, un buen resultado para un coche de gasolina. También es interesante la opción del cambio DSG, que nos hará ganar en comodidad y quizás en ahorro de combustible.

La otra opción es optar por el mismo propulsor, pero asociado a una caja de cambios de 5 velocidades y una potencia de 90 CV, esta alternativa sólo resulta interesante si el uso del vehículo va a ser casi exclusivamente urbano. Se echa en falta la posibilidad de contar con el propulsor 1.5 TSI, que aportaría algo más de agilidad, llegará a finales de 2019.

Para el diésel sólo podremos optar por el 1.6 TDI de 95 CV con caja de cambios manual de 6 velocidades o automática DSG con el mismo número de relaciones. Probablemente el elevado par permita que no echemos en falta algo más de potencia.

Conclusión

Da igual cómo lo llamemos, Polo SUV, T-Cross, un Tiguan pequeñito… Lo cierto es que Volkswagen ha logrado un producto realmente interesante para uno de los segmentos más saturados del mercado. Mantiene la agilidad de un Polo en ciudad y su compostura en carretera y además añade un extra de espacio interior y comodidad que será muy valorado para quien anteponga el confort al dinamismo.

Su motor es ahorrador y todo lo refinado que un propulsor tricilíndrico puede ser, quizás el futuro 1.5 TSI ofrezca ese toque dinámico extra que nosotros no hemos encontrado en nuestra prueba. Es una pena que el interior tenga tantos plásticos duros, pero miramos la buena carga tecnológica y las generosas plazas traseras y la verdad es que casi se nos olvida.

Respecto a sus primos-hermanos español y checo tiene un carácter propio, quizás el más equilibrado entre la dinámica del Arona y la practicidad del Kamiq, toca sacar la lista de pros y contras para decidirse por uno de los tres.

Valoración

Diseño: 8
Espacio interior y maletero: 8
Motor, cambio y prestaciones: 7,5
Confort y terminación: 7
Equipamiento en seguridad y tecnología: 8
Diversión al volante: 7
Precio: 7

Puntuación final: 7.5

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