Peugeot 308 SW GT 2.0 BlueHDi 180 S&S EAT8: ¿Quién ha dicho que los familiares no pueden ser deportivos?

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El 308 SW defiende muy bien el incremento de longitud, no parece estar descompensado.
El 308 SW defiende muy bien el incremento de longitud, no parece estar descompensado.

Espacio y deportividad son conceptos que normalmente no van de la mano, al menos en automoción. Cuando llega la hora de buscar un coche con un maletero generoso y unas plazas traseras amplias nos vemos normalmente obligados a renunciar a cualquier atisbo de dinamismo, característica que en otras circunstancias recibiríamos con los brazos abiertos.

Sin embargo, el Peugeot 308 SW GT nos da la oportunidad de reconciliar estos dos mundos, es un coche que mide 4,58 metros y ofrece 610 litros de maletero, a la vez que incorpora un motor diésel de 180 cv con un nuevo cambio automático de 8 velocidades.

Este modelo llegó a nuestro mercado en el año 2013 aunque en el 2017 recibió un pequeño lavado de cara. Esta última versión es la que probamos hoy, con un motor diésel 2.0 de 180 CV y un nuevo cambio automático desarrollado por la empresa japonesa Aisin.

Un 308 alargado, pero con detalles distintivos

La principal diferencia entre el 308 berlina y el ‘SW’ –station wagon- es el incremento de longitud, 33 centímetros de más en el caso del 308 SW, lo que le permite alcanzar los 4,58 metros de largo, el ancho es idéntico con 1,8 metros. En altura también apreciamos diferencias ya que el 308 SW se coloca con 1,47 metros en su parte más elevada, casi dos centímetros más alto.

Peugeot 308 SW GT 2.0 BlueHDi 180 S&S EAT8

Las salidas del escape no son más que embellecedores, pero aportan presencia.

Pero como ya hemos mencionado este 308 además de ser SW es GT, lo que se traduce en una serie de cambios estéticos y dinámicos que acentúan el caracter deportivo del coche. Lo que más destacan son las llantas de 18”, con las que tendremos que ser cuidadosos a la hora de tratar con bordillos y demás elementos del paisaje urbano. La carcasa de los retrovisores está pintada en negro y encontramos elementos cromados en los marcos de las ventanas. En la parte trasera encontramos dos salidas de escape que en realidad no lo son, pero aparentan serlo.

 

Interior espacioso y confortable

Por dentro seguimos el mismo camino que en el exterior. Misma apariencia que un Peugeot 308 ‘normal’ pero más espacio y pequeños detalles distintivos.

La tapicería es de cuero, con costuras rojas que realzan el carácter GT. La postura de conducción es realmente cómoda, ergonómicamente las plazas delanteras apenas tienen reproches. El reposabrazos central se puede desplazar en altura y profundidad, y está mullido, como los laterales.

La tapicería de cuero es de buena calidad, así como las costuras en color.

Más espacio sobre todo para las plazas traseras que ofrecen ahora una mayor amplitud para las piernas y la cabeza de los ocupantes. Sin embargo, siguen sin poderse reclinar.

La consola central se mantiene igual que la de un 308, siguen echándose de menos unos mandos físicos para el aire acondicionado, todo se controla desde la pantalla táctil, al menos esta es bastante buena.

La instrumentación tampoco cambia, aunque en el modo ‘Sport’ se ilumina en rojo y el ordenador de a bordo muestra información sobre la potencia, el par y la presión del turbo.

Los ajustes del interior son bastante buenos, la consola central parece algo despoblada.

El volante y su disposición, o‘i-cockpit’ como lo denomina Peugeot, desata pasiones a la vez que enerva a alguno, todo esto a partes iguales. Volante pequeño e instrumentación por encima de este, esa es la filosofía que lleva siguiendo Peugeot desde hace unos años.

En mi opinión la posición del volante es algo baja, y su tamaño algo reducido, aunque en esta versión GT un diámetro pequeño no resulta del todo incómodo. El grosor, eso sí, es muy acertado. Las levas que se ubican detrás tienen un tamaño correcto, pero si girasen con el volante en vez de ser fijas serían más fáciles de manejar.

El maletero de este modelo es muy grande, 610 litros con formas totalmente regulares que hacen que sea muy aprovechable. Por otro lado la boca de carga es también amplia, y baja, lo que facilita la carga y descarga de objetos pesados.

2.0 BlueHDi de 180CV: potente pero refinado

Lo más interesante de este modelo empieza cuando nos disponemos a conducir. El propulsor que monta es el 2.0 BlueHDi de 180CV y está asociado al nuevo cambio automático EAT8 de convertidor de par y 8 relaciones.

El propulsor diésel es muy bueno. Tiene una entrega de potencia muy repartida durante todo el rango de revoluciones y se estira de manera correcta has las 4.500 vueltas. No es rumoroso, aunque a esto también ayuda la excelente insonorización del vehículo.

Su potencia máxima son 180 CV y desarrolla 400 Nm de par, si activamos el modo ‘sport’ la reacción del acelerador se acentúa y la respuesta es francamente buena, y eso que estamos hablando de un coche grande.

A pesar de contar con un motor potente los consumos no son disparatados, si somos cuidadosos con el acelerador podremos lograr medias que rondan los 6,5 litros, consumo combinado entre ciudad y carretera.

En el modo sport se tiñe de rojo la instrumentación, lo cual es atractivo, aunque hay un pequeño problema. El contador de revoluciones se ilumina por completo en la misma tonalidad, por lo que no podemos distinguir cuando empieza la zona roja. No tiene mucho sentido si tenemos en cuenta que en este modo es cuando más cerca del corte llevaremos el motor, por suerte el cambio automático nos protege si nos pasamos.

Las llantas de 18″ aportan muchos puntos positivos a la estética del vehículo

Otro detalle curioso del modo sport es el sonido. En cuanto accionamos el interruptor aparece un rugido que resulta bastante chocante, sobre todo si recordamos que bajo el capó lo que hay es un propulsor diésel. La respuesta a este enigma se encuentra en los altavoces, nuestro rugido no es más que una ilusión artificial. Da el pego bastante bien, pero solo desde el interior claro.

El nuevo cambio automático EAT8 tiene convertidor de par y 8 relaciones. Sustituye al EAT6 y está fabricado por la firma japonesa Aisin. Como principal novedad, además de las 8 marchas, incluye un accionador electrónico. Tiene un funcionamiento suave y rápido, en entornos urbanos podremos percibir algún tirón, pero nada que afecte al confort general.

La suspensión tiene un muy buen ajuste, y eso que no es adaptativa. Contiene bien los balanceos de la carrocería, y resulta confortable frente a los baches y las irregularidades.

En curva el 308 SW se adhiere bien al asfalto, gracias sobre todo a las Michelin Pilot Sport 3 que equipaba la unidad de pruebas. A parte de los neumáticos el coche tiene una buena pisada, aunque el eje trasero a veces tiene algún comportamiento poco ortodoxo, nada raro en un coche con esta longitud.

Conclusión

El 308 SW es un coche que combina muy bien dos mundos, una solución muy interesante para aquellos que no quieran renunciar ni al espacio ni al dinamismo.

En términos de precio se encuentra en una zona media, unos 2.000€ por encima de un Seat León ST FR y unos 2.000€ por debajo de un Volkswagen Golf Variant GTD.

Sus calidades interiores y su nivel de equipamiento se suman a un buen motor y a un cambio que cumple con las expectativas. Es un coche que no decepciona en ningún aspecto.

Valoración

Diseño: 7.5
Espacio interior y maletero:8.3
Motor, cambio y prestaciones:
8.3
Confort y terminación: 7.9
Equipamiento en seguridad y tecnología: 8
Diversión al volante: 7.8
Precio: 7.7

Puntuación final: 7.92

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