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¿Se realizaron ensayos con humanos para comprobar los efectos del diésel?

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En el mes de enero de 2018 la industria automovilística ha sufrido un nuevo revés que ha sacudido los cimientos.

Cuando todavía este sector no se ha recuperado del escándalo del ‘Dieselgate’ que ha cambiado la tendencia de los consumidores, apostando más por los motores de gasolina frente a los de gasóleo, de nuevo vuelve a surgir una nueva polémica en torno a las mecánicas de gasóleo.

En esta ocasión se trata de unos estudios y pruebas que se realizaron en 2014 y 2015 en Aquisgrán (Alemania) y Estados Unidos en humanos y monos, respectivamente. El motivo de estos estudios era comprobar qué efectos tenía la inhalación del humo de los motores de gasóleo en estos seres vivos.

Además, la principal característica de estos estudios es que se realizaron con fondos de la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Transporte (EUGT), una sociedad financiada por Volkswagen, BMW y Daimler. Es decir, las principales marcas alemanas pagaron a una institución para ver qué efectos tenían los motores diésel en los pulmones de humanos y monos. Además, esta sociedad habría recibido un total de 220.000 euros para la realización de este estudio de fuentes de financiación externa.

Por su parte, desde la Clínica Universitaria de Aquisgrán han confirmado estas investigaciones pero han señalado que lo que realmente se investigó no era el efecto del diésel sino el impacto del dióxido de nitrógeno (NO2) en estos seres vivos. Además, esta clínica ha defendido la ética de estos ensayos clínicos puesto que –según señalan- aunque la industria automovilística los financiara, fueron independientes a estas firmas.

¿Y cómo se realizaron estos ensayos?

Pues según señala la propia clínica, en total el estudio fue realizado entre 25 personas completamente sanas. Estas personas tenían que someterse a concentraciones de dióxido de nitrógeno NO2 una vez por semana y durante cuatro semanas. Aun así desde la clínica justifican este experimento señalando que las concentraciones de NO2 en ningún caso fueron más altas que las que suelen someterse cualquier habitante de una gran ciudad europea.

Además, según la propia clínica y algunas de las personas que participaron en el estudio estas pruebas se realizaron bajo supervisión médica y no han supuesto ningún tipo de secuela a los que participaron en ellas.

Además, estas pruebas en Alemannia no fueron las únicas realizadas en seres vivos. Según el diario ‘The New York Times’ al parecer en Estados Unidos también se realizaron ensayos aunque en esta ocasión fue con monos. Estos animales fueron introducidos en contenedores con vehículos en funcionamiento para que respirasen los gases del escape.

Lo cierto es que pocos días después de conocerse esta información Volkswagen suspendió provisionalmente a Thomas Steg, jefe de Relaciones Externas y Sostenibilidad del consorcio, por su posible vinculación con estas pruebas.

Por su parte, la Comisión Europea aseguró estar ‘impactada’ por estas revelaciones y pidió a Alemania que adoptara ‘medidas urgentes’ para investigar y aclarar si estas prácticas se llevaron a cabo y con qué asiduidad.

Lo cierto es que esta noticia ha llevado al consumidor a desconfiar nuevamente en los motores diésel. Tras el mencionado escándalo del ‘Dieselgate’, surge esta nueva polémica. Acciones que, sumadas a las normativas anticontaminantes de las ciudades, están llevando al consumidor a optar cada vez menos por motores diésel.

Un buen ejemplo de ello se ha podido ver en las ventas del diésel en Europa en 2017, que disminuyeron un 8% respecto al pasado año, pasado del 47% de cuota en 2016 al 44% de cuota en 2017. Las mecánicas de gasolina, por otra parte, representaron ya el 50% de cuota, mientras que los coches con energías alternativas ocuparon ya el 5% del total del mercado, lo que supone un incremento del 2% respecto a las cifras logradas en 2016.

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