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Conducimos el Mitsubishi Eclipse Cross Proto, el coche de Cristina Gutiérrez en el Dakar

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Así es el Mitsubishi Eclipse Cross Proto del Dakar.
Así es el Mitsubishi Eclipse Cross Proto del Dakar.

El periodismo es una profesión capaz de ofrecer amplios contrastes, y si como en nuestro caso el tema a cubrir es el motor, las diferencias no hacen nada más que incrementarse. Con esto me refiero a las diferencias abismales que se pueden dar en el día a día de un redactor.

La mayor parte de nuestro tiempo profesional transcurre tras el teclado, ya sea en la oficina, en casa, en un aeropuerto, o incluso en el metro como yo hago ahora. Esta parte es la que podríamos considerar como dura y rutinaria. Sin embargo, algunos días, esta profesión da satisfacciones difíciles de encontrar en otros gremios.

El evento

El 26 de marzo de 2019 fue uno de estos días. Mitsubishi España convocó un evento relacionado con el Dakar, en el que estaría su piloto estrella, Cristina ‘Tortu’ Gutiérrez. En un principio esta convocatoria podría parecer uno de tantos eventos a los que se debe dar cobertura, pero en la agenda del día había un punto que llamaba la atención.

Tras la recepción y habitual rueda de prensa, aparecía la cláusula de la inquietud: ‘prueba del vehículo de competición’. En cualquier otro contexto, esto solo podría significar una cosa, sin embargo, todo buen periodista debe cuestionarse todo aquello que pueda parecer obvio o intrascendente. Ese ‘vehículo de competición’ es un prototipo para el Dakar, una pieza única y por tanto muy cara, de la que además depende la temporada de Cristina.

Lo más probable es que nos encontremos con un recorrido virtual con este coche, una charla intensa con la piloto, y en el mejor de los casos, un recorrido de lo más tranquilo sentados en el asiento de la derecha.

Siempre es mejor preguntar

Así que allí fuimos, por la A-4 hasta Ocaña y después la N-301 hasta Villatobas. De la misma carretera sale un pequeño camino de tierra en el que en semi procesión marchan cuatro compañeros, fácilmente reconocibles puesto que todos van con coches de prensa.

El lugar elegido es una finca típicamente manchega, con un gran patio en el que reposa imponente el Mitsubishi Eclipse Cross Proto, con un montón de pegatinas de patrocinadores y un fotógrafo cubriendo todos y cada uno de sus ángulos y detalles.

El Mitsubishi Eclipse Cross Proto, es el coche con el que Cristina Gutierrez terminó el Dakar 2019.

El Mitsubishi Eclipse Cross Proto, es el coche con el que Cristina Gutierrez terminó el Dakar 2019.

En la rueda de prensa se cuentan veinte periodistas, todos relacionados con el mundo del motor, ya sea por competición o por producto, como en nuestro caso. Sin embargo, hoy nos toca cambiarnos ligera y temporalmente de bando.

Es aquí cuando aparece Cristina y empieza a responder preguntas enfundada en el mono de competición, por lo que con un poco de suerte veremos el coche en movimiento, las opciones se van reduciendo…

Por lo visto realizaremos unas actividades con la gama 4×4 de Mitsubishi mientras transcurre la famosa ‘prueba del vehículo de competición’, una especie de gymkhana con varias pruebas que simulará las habilidades que se necesitan para correr un Dakar, frenado, agilidad y destreza. Puro entretenimiento, pero que nos servirá para refrescar nuestra imagen del Mitsubishi Outlander, el Eclipse Cross o el L200. 

Cristina Gutiérrez en la rueda de prensa.

Cristina Gutiérrez en la rueda de prensa.

De camino a la pista de pruebas me doy cuenta de que algunos compañeros, los más veteranos, llevan un casco en una funda, e incluso un mono de competición en bolsas de deporte, ¿será que ellos realmente van a conducir el prototipo?

A veces por inexperiencia, y casi siempre por vergüenza, no preguntamos las cosas. Javier de la Calzada, jefe de prensa de Mitsubishi, me responde rápida y amablemente, las dudas desaparecen y empiezan los nervios.

Que sí, que lo conducimos

Todos, todos y cada uno de los 20 periodistas acreditados vamos a tener la oportunidad de conducir el mismo coche que en enero completó con éxito el Dakar en Perú. Probablemente los más veteranos estén acostumbrados a ello, sin embargo, para mí es un auténtico reto.

A pesar ir teniendo algo de experiencia con coches más o menos potentes, uno de competición supone otro nivel ya que nunca he llevado nada parecido. Y si al menos estuviéramos en asfalto, pero aquí el panorama es de tierra, piedras y encinas.

En esta fotografía se aprecian claramente las dimensiones del Eclipse Cross Proto.

En esta fotografía se aprecian claramente las dimensiones del Eclipse Cross Proto.

Por si fuera poco, encima me toca el segundo, un cambio de última hora en los grupos me ha quitado la hora que tenía para prepararme mentalmente. Mientras sale el primer compañero me acerco a Cristina.

– ¿No lo pasas mal viendo a tanta gente cogiendo el coche?

– En general no me gusta ir de ‘copi’, ahí es cuando lo paso mal, por eso se lo dejo a Pablo, es el que sabe de mecánica y os puede explicar mejor. Además, se supone que vosotros controláis, ¿no?

Descartada la posibilidad de contarle a Cristina todos mis miedos, dudas y contradicciones por razones obvias, sólo me queda confiar en mi instinto y en mis innumerables horas de consola, ojalá pudiese contar con algo mejor, pero es lo que hay…

La hora de la verdad

Antes de que me haya puesto el casco ya se empieza a oir como el Eclipse Cross Proto se acerca, el sonido es estremecedor. Con el casco ya enfundado apenas oigo nada, el coche ya está preparado, así que no hay vuelta atrás.

Se baja Pablo, Pablo Moreno Huete, el copiloto de Cristina. Me saluda y me invita a subir, pero desde este punto la cosa ya se complica. ¿Cómo me meto yo ahí? Con mi 1,85 m de estatura y el casco puesto me toca hacer contorsionismo, la puerta es realmente pequeña, y la jaula antivuelco no ayuda.

Un compañero de gran estatura practicando el contorsionismo para entrar al coche.

Un compañero de gran estatura practicando el contorsionismo para entrar al coche.

Tras un par de pisotones involuntarios al acelerador y un poco más de contorsionismo, consigo sentarme por fin en el baquet, que no tiene apenas acolchamiento. El segundo problema ya me lo esperaba, el volante me queda muy cerca, y las piernas van casi encogidas, el asiento va fijo y Cristina es un poco más bajita que yo.

Pero da igual, hay que apañarse, basta de quejidos. Nacho, el organizador y también ex piloto del Dakar, me ayuda con el arnés y me suelta una de esas frases que siempre ayudan: “Sólo hay un coche, como corras te corto los…” supongo que no hace falta que lo complete.

Todo apariencias, antes de arrancar el coche todo eran nervios.

Todo apariencias, antes de arrancar el coche todo eran nervios.

Se nota tensión en todo el mundo, la cosa es seria y si además el conductor es un chaval de 21 años, la alerta es lógica. Sin embargo, yo ahora mismo lo último en lo que pienso es en correr. Por suerte Pablo no está en absoluto nervioso, me explica tranquilamente cómo funciona el cambio secuencial, embrague para salir, después, si voy lo suficientemente rápido puedo meter las marchas ‘a piñón’.

El embrague está muy, muy duro, se nota que no se utiliza normalmente. Sin embargo, el coche sale sin apenas tener que acelerar, el motor entrega más de 700 Nm desde muy pronto, los bajos son increíbles.

Bajo el pie tengo 340 CV, pero lo realmente sorprendente es la respuesta del coche, sólo con rozar el acelerador el coche ‘salta’ hacia delante. La dirección no está muy dura, está asistida por suerte. Me sorprende que no es muy directa, tiene bastantes vueltas entre tope y tope.

El ruido en el interior es muy elevado, si esto fuera una de mis pruebas diría que debería mejorar la insonorización, pero es imposible que se te olvide que este coche está diseñado para correr el Dakar. Todo es espartano, duro e incómodo, pero qué maravillosa obra de ingeniería, y qué valor hay que tener para subir dunas con esto…

Detalle de la suspensión con doble amortiguador Ohlins.

Detalle de la suspensión con doble amortiguador Ohlins.

En la primera curva me doy cuenta de que la frenada apenas está asistida, hay que pisar con muchas ganas el pedal, al principio tienes la sensación de no tener frenos, pero las pinzas de seis pistones están ahí, y tanto que lo están.

La tracción es increíble, los neumáticos de tacos se agarran tanto al frenar como al acelerar, las suspensiones absorben todo, da igual el estado de algunas partes del camino, este coche puede pasar por donde quiera y al ritmo que quiera. La tracción es total, con diferenciales autoblocantes en ambos ejes, y un reparto de par simétrico.

El salpicadero está lleno de mandos, esto permite actuar manualmente sobre todos y cada uno de los elementos del coche.

El salpicadero está lleno de mandos, esto permite actuar manualmente sobre todos y cada uno de los elementos del coche.

Van pasando las primeras curvas entre árboles y el coche pide velocidad, es difícil contenerse, pero la presión sigue estando ahí, intacta. Sin embargo, aunque uno no quiera, este coche está diseñado para circular a ritmos muy altos, y literalmente se embala. Se embala tanto que las curvas llegan cada vez antes.

En mitad de uno de los giros empiezo a notar como el eje trasero patina y deja de seguir al delantero, literalmente se para el tiempo. ¿Cuánto cuesta este coche?, ¿cuánta gente hay esperando en la llegada?, ¿a qué velocidad voy?

El trazado era angosto, por lo que no permitía muchos errores.

El trazado era angosto, por lo que no permitía muchos errores.

Supongo que mi instinto, el que antes mencionaba y menospreciaba, es el que hace que no pose mi pie derecho sobre el freno, habría sido un error de novato. Contravolanteo todo lo rápido que puedo y piso el acelerador, de nuevo el Eclipse Cross Proto sale disparado hacia delante y corrige el sobreviraje.

Pablo ni se ha inmutado, sólo me dice que baje una marcha, así no volverá a irse de atrás. Ese ha sido el problema, he entrado a la curva en tercera y demasiado despacio, por eso las ruedas han patinado. Este coche es de competición, entrar a una curva despacio no está inscrito en su ADN.

Después de este susto, que probablemente haya sido más intenso en mi cabeza que en la realidad, enfilo una recta, es mi momento. Piso y sale disparado, creo que he llegado a tocar el fondo del pedal, pero ha sido cuestión de segundos. Que nadie me pregunte por velocidades, ni siquiera fui capaz de ver el velocímetro en aquel mar de botones e indicadores.

Vista del cuadro de mandos, muchos datos en muy poco espacio.

Vista del cuadro de mandos, muchos datos en muy poco espacio.

Por fin se ve la llegada, pero la tensión sigue presente. Cuando piso tierra de nuevo empiezo a soltar toda la carga y me despido de Pablo después de darle las gracias mil veces. Supongo que todo el mundo está algo más tranquilo, aunque aún tendrán que pasar por este ciclo unas cuantas veces en el día de hoy, Cristina atiende entrevistas unos metros más allá.

El resto del día fue un trámite, siempre con la famosa ‘prueba del vehículo de competición’ en mente. Las pruebas de habilidad que realizamos después habrían sido lo mejor de cualquier otro día, pero en este ocupan un segundo plano.

Cristina y Pablo posan con un redactor asustado, pero muy contento. ¡Gracias!

Cristina y Pablo posan con un redactor asustado, pero muy contento. ¡Gracias!

Me alejo mirando una última vez al Mitsubishi Eclipse Cross Proto, preguntándome si tendré en algún momento la oportunidad de enfrentarme de nuevo a algo tan abrumador y a la vez gratificante. Mi más profundo respeto a todos aquellos y aquellas que cruzan el desierto a toda velocidad con estas máquinas.

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